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Un caso práctico: simulación en Francia

En esta parte del reportaje se pondrán en práctica los efectos mecánicos que se derivan de cambiar algunos de rasgos principales de un sistema electoral. En este caso, el ejemplo elegido es el de Francia porque ofrece una amplia gama de posibilidades para “jugar” con su sistema. Esto se debe a que el país galo tiene un sistema uninominal a doble vuelta, por lo que se pueden simular resultados en más niveles que en España. Para simular un caso así en nuestro país hubiese sido necesario crear un gran número de distritos uninominales, para los que hace falta tener un amplio conocimiento demográfico, histórico y social del país. Por ello, el haberlos creado para este reportaje podría haber provocado que incurriéramos en un involuntario gerrymandering, es decir, la manipulación de los límites de un distrito para provocar resultados deseados. Para evitar esto en Francia, en la simulación se han utilizado como circunscripciones los departamentos, las regiones y el Estado francés al completo, entidades ya existentes, que serían equivalentes a provincias, Comunidades Autónomas y España al completo, respectivamente. El número de escaños para cada circunscripción se obtuvo sumando el número de distritos uninominales ya existentes en cada una de ellas. Además de con la magnitud de distrito, también se ha variado el umbral de voto legal y la fórmula de reparto, no así el tamaño de la asamblea, ya que hubiese implicado igualmente una reasignación de escaños en cada circunscripción que podría desvirtuar el resultado. Por ello, todas las simulaciones se han hecho con el tamaño de la actual Asamblea Nacional francesa, que dispone de 577 escaños. Todas las simulaciones se han realizado con los resultados de la primera vuelta, ya que a ella concurren todos los partidos que quieren presentarse.
El objetivo de esta parte es simplemente mostrar cómo con la combinación de factores adecuada se pueden fabricar resultados que favorezcan a partidos mayoritarios para crear gobiernos fuertes o fragmentar mucho el parlamento en pos de la pluralidad. Es una muestra de cómo, jugando con los efectos mecánicos, un determinado grupo puede realizar una cierta ingeniería electoral para autofavorecer la opción que más le convenga si tiene el poder para imponerla. En definitiva, es la muestra de que los sistemas electorales, si hay una estrategia predeterminada para su adopción, son un elemento muy relevante para configurar un panorama político e incluso para conseguir que un cierto grupo siempre consiga el poder. 
Más allá de ello, el alcance de la simulación es limitado porque no tiene en cuenta los efectos psicológicos, que además en el caso francés son bastante fuertes. Las elecciones son a dos vueltas y además son apenas un mes después de las elecciones presidenciales desde 2002. De este modo, los votantes tienen la fuerte influencia de saber quién es el nuevo presidente de la República antes de emitir su voto. No es especialmente sorprendente que si a un sistema mayoritario, que de por sí genera mayorías fuertes, se le añade la preelección presidencial, el resultado sea que en todas las ocasiones desde que ambas elecciones son casi simultáneas, el partido del nuevo presidente haya contado con mayoría absoluta. Además, contando con las segundas vueltas, ello supone que los ciudadanos franceses deben votar hasta en cuatro ocasiones en menos de dos meses, con el hartazgo que eso puede suponer para una parte de la población que decida ir retirándose del juego electoral a medida que van pasando las semanas. El resultado de la simulación no consiste, de este modo, en señalar qué hubiese pasado, porque es imposible de predecir, sino en mostrar cómo de una misma base se pueden llegar a resultados muy distintos.
Elaboración propia

Otra limitación es la de la separación de algunos partidos concurrentes. Se han utilizado los datos oficiales del ministerio del Interior francés para calcular las simulaciones. Sin embargo, el propio gobierno francés agrupa en sus resultados a algunos partidos bajo una etiqueta común. De esta forma, aparecen los términos Divers Gauche, Divers, Divers Droite y Regionaliste como un aglutinante de un grupo de partidos pequeños. Como es lógico, los regionalistas corsos, que además tienen representación, no son los mismos que los regionalistas bretones. Pese a la limitación, dado el carácter experimental del cálculo, se han respetado los datos del ministerio, considerando todos los regionalistas como un mismo partido. En cualquier caso, no existen partidos de la fuerza del PNV o del PDCat, por lo que esta aglomeración no tiene los mismos efectos que tendría en España. Además. de simular los resultados electorales con distintos sistemas, se ha analizado la desproporcionalidad de los mismos con el índice Loosemore-Hanby. Son varios los puntos relevantes a analizar. 



Circunscripciones regionales por número de diputados en la simulación
Fuente: elaboración propia. El número de escaños por región es el mismo que el actual, solo que en el sistema francés se eligen por elección uninominal.

El primer punto a analizar es el contraste entre los sistemas proporcionales y los mayoritarios. Difícilmente, un sistema proporcional va a dar un resultado más alto de desproporcional que uno mayoritario. De hecho, en 1951, con un sistema mayoritario uninominal simple, el índice de desproporción británico fue solo de 3,5% con el índice Loosemore-Hanby, una cantidad increíblemente menor que el 45,8% que se ha dado en este caso. El motivo es que en Francia hay un sistema multipartidista a día de hoy y los sistemas mayoritarios bloquean a partidos pequeños en su objetivo de obtener una representación proporcional justa. Lo que en este caso sí podría sorprender es que tiene una mucha mejor proporcionalidad el sistema a dos vueltas que si se hubiese mantenido a una. El motivo, quizá, sea el efecto psicológico de votar a la República en Marcha del recién elegido presidente Macron para frenar a Le Pen y, una vez se vio que esta no iba a sacar buenos resultados, en la segunda vuelta muchos decidieron votar al partido rival. Los grandes beneficados de esto fueron los conservadosres Los Republicanos.

El contraste, analizado por partidos, entre el sistema mayoritario y el proporcional, es revelador. La República en Marcha de Macron la tiene actualmente con 308 escaños, a los que hay sumar los 42 de MoDem, partido con el que se presentó en coalición (no compitieron entre sí, repartiéndose los distritos electorales), aunque oficialmente aparecen por separado, por lo que se han considerado de esta manera. De este modo, se sitúa muy ampliamente por encima de los 289 escaños que se necesitan como mínimo para tener esa ansiada mayoría absoluta. Sin embargo, en ninguno de los sistemas proporcionales está cerca de conseguir esa condición, oscilando su bagaje electoral entre los 162 escaños con Sainte-Laguë sin barrera legal a circunscripción única hasta los 242 con sistema d’Hont, circunscripción departamental y barrera del 5%. Por el contrario, con otros sistemas mayoritarios aumentaría incluso más su ventaja. De esta forma, la primera conclusión llamativa del análisis es que La República en Marcha se ve muy beneficiado por el sistema mayoritario, llegando incluso a perder casi la mitad de sus escaños con sistemas de circunscripción única. Con estos sistemas proporcionales, la implicación política sería muy fuerte, ya que sería necesario el acuerdo de un gran número de partidos para la aprobación de cualquier ley, algo que a día de hoy es irrelevante al tener el partido del presidente Macron una cómoda mayoría.


Resultados de La Repúblique en Marche, Front National y Ecologistes según el sistema electoral
Comparación de escaños según el sistema empleado para el principal partido (REM), un partido mediano (FN) y uno pequeño (ECO). Elaboración propia
Por el lado contrario, el gran perdedor del sistema electoral francés es el Frente Nacional (FN, hoy renombrado Reunión Nacional), que debido al sistema de segundas vueltas, sufre un cordón sanitario cada vez que logra pasar el corte. Si esto ocurre, todas las fuerzas se alinean contra el FN y evitan que logre escaños. Tal es el efecto de este aislamiento que, siendo la tercera fuerza en votos, es la novena que más representación tiene. En la primera vuelta, el partido liderado por Marine Le Pen obtuvo un 13,2% de los votos, que solo se vieron recompensados con 8 escaños, un 1,4% de los escaños debido al aislamiento de la segunda vuelta. En 2012, la situación fue incluso peor: un 13,6% de los votos en la primera vuelta solo dieron 2 escaños. Esta situación no se daría con un sistema proporcional, que ubicaría al partido como tercera fuerza, con una fuerza electoral que oscilaría entre los 101 escaños en el mejor de los casos hasta los 74 en el peor. Nada comparable a sus resultados reales, siendo un ejemplo significativo de la desproporcionalidad del sistema electoral francés.
Del resto de grandes partidos - Los Republicanos, Partido Socialista y Francia Insumisa-, las conclusiones son distintas para cada uno. Los Republicanos, como segundo partido fuerte del sistema, no sufren una pérdida excesiva en el sistema, puesto que consiguieron 112 diputados y las simulaciones proporcionales arrojan un resultado similar de entre 91 y 120 parlamentarios. Sin embargo, fueron los grandes beneficiados del sistema de segunda vuelta, porque en la primera solo hubiesen conseguido 48. Por su parte, Francia Insumisa y el Partido Socialista (PS), como cuarta y quinta fuerza, sufren en el sistema francés, como el Frente Nacional, aunque no de forma tan acusada, la típica subrepresentación de los partidos de mediano tamaño y gran dispersión nacional. Es decir, que no se concentran en una parte del país como le ocurre a los partidos regionalistas o nacionalistas. Francia Insumisa se vio mucho más perjudicada por el sistema que los socialistas, pudiendo haber pasado de los 17 que obtuvo realmente a 84 en circunscripción única. El PS, a circunscripción única, podría casi haber doblado sus escaños (de 30 a 57), pero sin embargo, si las elecciones hubiesen sido a nivel departamental, su beneficio hubiese sido casi nulo, de tan solo 3 escaños si la fórmula aplicada hubiese sido d’Hont (30 a 33). Por su parte, es destacable la inexistencia en Francia de un gran partido instaurado a nivel regional, que en ese tipo de sistema podría tener una gran sobrerrepresentación, al estilo de la del SNP escocés en 2015, que consiguió 56 de los 59 escaños (95%) en Escocia para la Cámara de los Comunes con solo el 50% de los votos. 
El índice de desproporcionalidad deja clara la diferencia entre los sistemas proporcionales y los mayoritarios. En el índice Loosemore-Hanby, todos las simulaciones con sistemas mayoritarios arrojan un índice mucho más alto de desproporcionalidad. La más baja de ellas es la que se utiliza realmente: uninominal a dos vueltas, pero su desproporción es de un 32,68%. Los sistemas proporcionales se mueven entre el 0,37% y el 24,35% según varíen los umbrales, magnitudes de circunscripción y fórmula de reparto.
Elaboración propia
Otro punto de análisis es el de la magnitud de la circunscripción. Ya se señaló durante la parte introductoria del reportaje que es el punto clave para determinar la proporcionalidad del sistema, más incluso que la fórmula electoral. El caso francés es interesante porque permite establecer paralelismos con el español cuando se usan los departamentos como circunscripciones por tener una magnitud parecida. Si la magnitud de distrito en España es de 6,7 con provincias como circunscripción, en Francia sería de 5,4 si se usan los departamentos. Además, hay otro punto coincidente que nos permite hacerlas comparables: si en España hay circunscripciones de 1 a 37 escaños y solo 6 de 52 tienen más de 10 diputados, en Francia, con este sistema, la oscilación iría de 1 a 21 escaños y solo 17 de 107 circunscripciones superarían los 10 diputados. Esto produciría un efecto similar: que aquellas menores de esa cantidad tengan sesgos mayoritarios a pesar de ser proporcionales, ya que al ser los distritos tan pequeños, es muy difícil que los partidos pequeños puedan competir en ellos. A nivel regional, el paralelismo no es tan fuerte, ya que la circunscripción regional francesa media - sin ultramar - (41,5) sería el doble de la autonómica española (20,5) - sin Ceuta y Melilla. En cualquier caso, al ser distritos de un nivel considerable, los sistemas proporcionales ya actúan plenamente, por lo que la extrapolación de conclusiones puede seguir siendo relativamente pertinente.
En cuanto a la desproporcionalidad, con circunscripción única, las tres fórmulas logran caer por debajo del 1% de desproporcionalidad, acercándose tanto Sainte-Laguë (0,4%) como Hare (0,37%) a la proporcionalidad perfecta. A medida que vamos reduciendo la magnitud de la circunscripción, el índice de desproporción crece.
Como señalan Lago y Montero en Todavía no sé quién, pero ganaremos: manipulación política del sistema electoral español, en las circunscripciones pequeñas, las fórmulas de reparto apenas tienen incidencia por su carácter mayoritario. Las diferencias tendrían que ser muy grandes para que d’Hont dé un resultado distinto a Hare o Sainte-Laguë en una circunscripción de dos, tres o cuatro escaños. Igualmente, en las circunscripciones grandes, las fórmulas de reparto también tienen una influencia menor. Es en las medianas (6-9 escaños) donde d’Hont sí puede jugar un papel relevante dando un mayor número de escaños a los partidos más votados. Si volvemos a la tabla donde están todos los resultados, se puede observar claramente. A nivel nacional, con circunscripción única, da igual la fórmula que usemos que, a igual umbral legal, los resultados son casi idénticos. No solo Hare y Sainte-Laguë caen por debajo del 1% de desproporción, sino que también d’Hont lo hace. Si subimos los umbrales, al 5% los tres obtienen el mismo porcentaje.
El problema viene cuando las circunscripciones empiezan a perder tamaño. Es entonces donde vemos que d’Hont comienza a favorecer a los partidos grandes. En el caso de las elecciones regionales, es cierto que las circunscripciones son muy grandes, pero los territorios de ultramar se han mantenido como distritos independientes de pequeño tamaño, aunque la influencia no es relevante porque representan menos de un 10% de la cámara. En esta fase intermedia, d’Hont es más relevante, siendo su porcentaje de desproporción del 7,12% si no usamos umbral regal, frente al 1,98% de Hare y el 2,28% de Sainte-Laguë.
Elaboración propia.
REM: La Republique en Marche;
LR: Les Republicains
PS: Parti Socialiste
FI: France Insoumise
FN: Front National
MDM: MoDem
Es con las circunscripciones departamentales cuando encontramos realmente la diferencia entre fórmulas electorales. Al ser estas, de media, de tamaño medio, es donde d’Hont tiene una mayor influencia. De hecho, con umbral legal del 3%, La República en Marcha obtiene 52 escaños más que con Sainte-Laguë y 55 más que con Hare.  Si se usan a nivel departamental estas dos fórmulas, que dan resultados muy parecidos con esta magnitud, los efectos beneficiosos para los partidos grandes siguen existiendo, pero ya son solo para los dos más votados, sino que ahora el Frente Nacional y la Francia Insumisa también se aprovechan de ello hasta el punto de obtener sus mejores resultados si obviamos la circunscripción única con umbral muy alto, porque esta elimina todos los partidos pequeños. El Partido Socialista, quinto partido en liza, con un 7,4% de los votos, está casi proporcionalmente representado con esta magnitud de distrito y Hare o Sainte-Laguë. Todos los demás partidos salvo los regionalistas por su concentración están infrarrepresentados. De este modo, con circunscripción departamental, los partidos más votados también se ven beneficiados, solo que en este caso la sobrerrepresentación también le llega al Frente Nacional y Francia Insumisa. El índice de desproporción denota en este punto que aquí d’Hont sí es tremendamente relevante. A umbral igual del 3%, d’Hont se va hasta un 18,35%, mientras que Hare y Saint-Lague permanecen en torno al 10,5%, Aquí, en este ejemplo particular, se da la paradoja de que d’Hont al 3% produce una desproporción ligeramente mayor que si aplicamos una barrera del 5%.
Por último, se ha jugado con el umbral legal. Este es mucho más relevante cuando se impone a nivel nacional. Con cada punto que se sube el umbral mínimo en la circunscripción única, el porcentaje de desproporción aumenta más, hasta el punto de que la circunscripción única es a la vez la más y la menos proporcional de las no mayoritarias según modifiquemos el umbral legal. Con un 5%, la exclusión es tan alta que de nada sirve que se use una fórmula como Hare. A medida que reducimos la magnitud de circunscripción, el peso de los umbrales decae. Por ejemplo, subir de un 0 a un 3% con Sainte-Laguë a nivel nacional supone aumentar la desproporción un 15,5%. Regionalmente, con el mismo cambio, aumenta solo un 7,42%, mientras que pasar de un 3% a un 5% a nivel departamental solo hace subir la desproporción un 3,12%.
El motivo es que el umbral efectivo a nivel nacional es realmente bajo, por debajo del 0,3% que otorgaría escaño a la Extrema Derecha. Por ello, ir aumentando el umbral legal hace que gran parte de la competencia vaya desapareciendo. De los 18 partidos que aparecen, solo con subir a un 3%, 11 de ellos dejarían de tener representación. Con un 5%, solo los cinco principales obtendrían escaño, con una gran ganancia en todos los casos con respecto a un parlamento sin restricciones. Este mismo caso ocurriría en España si el umbral quedase tan alto: solo PP, PSOE, Vox, Ciudadanos y Unidas Podemos obtendrían escaño.
Aunque también es importante, el umbral legal tiene menor importancia en elecciones con circunscripciones territoriales. El motivo es que al ser más pequeñas, el umbral efectivo sube. Por ejemplo, en circunscripciones departamentales de 3 o 4 escaños, es muy complicado obtener votos por debajo del 10% o incluso 15%, por lo que establecer umbrales más bajos no tiene utilidad alguna. No obstante, al existir varias circunscripciones de un tamaño moderado de entre 15 y 21 escaños, al cambiar del 3% al 5% el umbral electoral sí puede existir cierta diferencia. Igualmente, pasar del 0% al 3% en circunscripciones regionales también tiene cierto peso al existir regiones como la Isla de Francia que aportan casi un centenar de diputados a la cámara. En cualquier caso, el efecto es más limitado. Se nota simplemente al observar cómo cambian los escaños de La República en Marcha, que es el partido más beneficiado: aplicando Hare, en circunscripción única, del 0% al 3% gana 31 escaños y del 3% al 5%, otros 21. A nivel regional, del 0% al 3%, el mismo partido aumenta en 20, y a nivel departamental, del 3% al 5%, sube 10. 
En conclusión, la mejor proporción, normalmente, se consigue con Hare a nivel nacional y sin umbral legal que frene a partidos pequeños -es la fórmula que PACMA lleva en sus programas electorales. Es la que mejor permite que todas las fuerzas estén representadas, aunque antes de aplicarla debe hacerse un juicio de hasta qué punto es conveniente la instauración de un sistema proporcional tan puro. Aunque suene bien que todo partido obtenga la representación que le corresponde de forma tan precisa, es posible que haya una fragmentación excesiva que impida la acción de gobierno. Más adelante se explorará este dilema entre gobernabilidad y proporcionalidad de un sistema.

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