El sistema electoral español tiene un gran número de particularidades que hacen de él un caso digno de estudio. Como resumen rápido, el sistema español es proporcional, tiene las provincias como circunscripciones, con un mínimo de dos escaños por cada una (excepto Ceuta y Melilla), el umbral legal es del 3% en cada provincia, usa la fórmula d’Hont y tiene 350 escaños a repartir. La proporcionalidad del mismo está consagrada por la propia Constitución, por lo que debe ser un valor sagrado. Pero es una suerte de sistema proporcional desvirtuado, que crea efectos parecidos a los de un sistema mayoritario. Como se ha explicado previamente, fue un efecto buscado por los legisladores del gobierno predemocrático de Suárez, para apuntalar su propias posibilidades de gobernar en mayoría. Pero los efectos han sido duraderos y han creado un efecto de desproporcionalidad casi propio de un sistema mayoritario. Si atendemos a los datos que disponen Montero y Riera en su Informe sobre la reforma del sistema electoral, la conclusión es clara. Según el índice de Gallagher, la desproporcionalidad media del sistema español entre 1977 y 2008 ha sido de 7,24. Si se compara con otros países de sistemas proporcionales, la evidencia de la desproporcionalidad es visible. Otros Estados de nuestro entorno también con sistemas proporcionales tienen niveles mucho más bajos: Países Bajos obtiene 1,33; Suecia, 2,52; Suiza, 2,59. Incluso Irlanda, con su particular Voto Único Transferible, obtiene 3,75. De los países proporcionales, solo Bulgaria está por encima, con 8,07. Lo llamativo es que países con sistemas mayoritarios están más cerca de España que los proporcionales. Australia obtiene 9,01, Reino Unido, 10,66; e incluso Japón, antes de cambiar de sistema, obtenía un 5,82, por debajo de España.
Es conveniente explicar que la desproporcionalidad en España se ha ido reduciendo prácticamente en cada elección entre 1977 y 2008 hasta alcanzar un aceptable 4,4. Sin embargo, esto se debe a que PP y PSOE habían concentrado tanto el voto en la década de los 2000 que no había casi terceros partidos que pudiesen verse perjudicados, más allá de una menguante Izquierda Unida.
![]() | ||
| Elaboración propia con datos aportados por Riera y Montero en su informe Reforma del Sistema electoral español |
Como señalan muchos de los estudios que han versado sobre el asunto, como el de Lago y Montero que ya se citó en los apartados anteriores, el de Montero y Riera, o, La desigualdad en el sistema electoral español y el premio a la localización del voto, de Alberto Penadés y Salvador Santiuste, el sistema electoral español se caracteriza realmente por la existencia de tres sistemas diferenciados en su interior. Como se indicó al explicar la magnitud de distrito al inicio del reportaje, en España existen circunscripciones que eligen entre uno y 37 diputados. Igualmente, se comentó que la magnitud de distrito es el factor más relevante a la hora de crear desproporcionalidad en un sistema proporcional. Pues bien, estos autores dividen el sistema español en un sistema mayoritario, en otro intermedio y en otro proporcional:
-El primero de ellos, el mayoritario, con las circunscripciones de 2019 actualizadas, comprende aquellas circunscripciones que eligen a cinco diputados o menos. Son 26 provincias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, que eligen 103 diputados del Congreso. Son circunscripciones tan pequeñas que la proporcionalidad, se use la fórmula que se use, será muy baja. Al haber tan pocos escaños a repartir, solo los partidos más votados optarán a escaño, provocando la posibilidad de que un gran número de votos no sirvan para elegir ningún escaño. Consecuentemente, los umbrales electorales se ubicarán a niveles muy altos y un gran número de partidos quedarán excluidos. Su desproporción ha caído con los años, pero si sitúa de media en un 13,8. En 2019, Vox solo obtuvo dos escaños en estas provincias y Unidas Podemos, cuatro, a pesar de que en ellas obtuvieron relativamente un alto número de votos.
-El sistema intermedio se refiere a aquellas provincias que tienen entre 6 y 9 diputados. Son 17, que suman un total de 118 diputados. La característica principal de este grupo de provincias es que no son tan mayoritarias, pero es en ellas donde d’Hont ejerce sus efectos mayoritarios. Como se ha demostrado en la simulación sobre el sistema francés, a grandes circunscripciones, el efecto de d’Hont en comparación con Hare o Sainte-Laguë es mínimo.
-Por último, encontramos las provincias consideradas dentro del grupo de las proporcionales. Son tan solo 7: Madrid (37), Barcelona (32), Valencia (15), Sevilla y Alicante (12), Málaga (11) y Murcia (10). En ellas, la desproporcionalidad es mucho más baja, al ser circunscripciones grandes más dadas a convertir de una forma precisa las preferencias de los votantes en votos. No en vano, muestran el índice de desproporcionalidad más bajo de los tres grupos, llegándose a situar en solo 3,5 en los 90, con una media de 5,5 según Montero y Riera.
De esta forma, las provincias pequeñas y, en menor medida, las medianas, son las que contribuyen de una forma intensa a la desproporción existente en nuestro sistema. Pero, de una forma enlazada a estas, surge un segundo problema. Como se comentó en la sección histórica, se dio dos escaños como mínimo a cada provincia para potenciar las zonas rurales. Pero como resultado, al realizarse el reparto proporcional partiendo de dos y no de cero, más de la mitad de provincias de España están sobrerrepresentadas en favor de las más grandes, que tienen menos escaños de los que deberían. Por ello, el efecto, que de por sí ya es intenso, se amplifica todavía más con el prorrateo actual de escaños.
Este rompe uno de los elementos secundarios que analizábamos al principio del reportaje: la igualdad de voto, que en España es inexistente. En 2019, mientras que el PP necesitó 13.833 votos para obtener un escaño en Soria, para cada uno de los siete que consiguió en Madrid requirió de media 99.986 escrutinios, siete veces más.
Este rompe uno de los elementos secundarios que analizábamos al principio del reportaje: la igualdad de voto, que en España es inexistente. En 2019, mientras que el PP necesitó 13.833 votos para obtener un escaño en Soria, para cada uno de los siete que consiguió en Madrid requirió de media 99.986 escrutinios, siete veces más.
Como resultado, y tal y como señalan todos los informes anteriormente mencionados al inicio de este punto, el sistema español tiene como resultado dos sesgos que interfieren en los resultados de una forma plausible:
-Sesgo mayoritario. Se refiere a la sobrerrepresentación que experimentan los principales partidos del sistema. Principalmente, de ella se han beneficiado los dos primeros, que por el centro-izquierda siempre ha sido el PSOE y por el centro-derecha, primero fue UCD y, posteriormente AP/PP. Esta desproporcionalidad se debe principalmente al carácter mayoritario de las provincias pequeñas y al efecto favorecedor de d’Hont en las intermedias, que favorecen a los grandes partidos, no tanto en las grandes, donde los terceros partidos nacionales suelen obtener su representación. Según reportan Lago y Montero en Todavía no sé quién, pero ganaremos: manipulación política del sistema electoral español, el sistema electoral prima con sobrerrepresentación a los partidos que superan el 20% de los votos y castiga a aquellos por debajo del 15%, con una pérdida máxima en un entorno ligeramente superior al 10%. De esta desproporcionalidad se salvan los nacionalistas, que, al estar concentrados, su relación votos-escaños es bastante adecuada a su volumen de votos. Al haber dominado AP/PP y PSOE sin discusión las elecciones comprendidas entre los 80 y 2011, salvo IU, ningún partido se situó de forma habitual en esos umbrales de gran castigo. No obstante, pese a esas voces que acusan a nuestro sistema de ser excesivamente mayoritario, Penadés y Pavía, en La Reforma Electoral Perfecta, defienden que si nuestro sistema es así es también en parte por elección. Alegan que las elecciones de 2015 - las últimas celebradas cuando se escribió la obra - demuestran que el sistema da cabida a más partidos y, que si no los había era también culpa de la inexistencia de terceros partidos fuertes que sí hubiesen tenido cabida en el Congreso, tal y como ocurrió entonces con Ciudadanos y Podemos. Aseguran que es posible que queden cuatro partidos en torno al 18-20%, bien representados todos ellos, eliminando cualquier incentivo a cambiar el sistema.
En 2019, incluso hay un quinto partido que ha pasado a ser relevante en las Cortes. De los grandes partidos nacionales, solo han estado sobrerrepresentados PSOE (123 escaños - un 35,1% de la cámara - con un 28,68% de voto) y PP (66 escaños - un 18,8% del Congreso - con un 16,7% del voto), y este último lo ha estado ligeramente, sin una ganancia excesiva. No obstante, sí es posible apreciar como los populares han conseguido esa ligera sobrerrepresentación con un 16,7%, lejos del 20% aproximado que Lago y Montero y estimaban para empezar a conseguir sobrerrepresentación sistemática. El único partido que ha estado prácticamente en su perfecta representación es Ciudadanos, que ha logrado 57 escaños con el 15,86% de los votos, lo que les ha supuesto un 16,2% de los asientos a repartir. Efectivamente, ese 15% parece haber sido este año alrededor del cual se podía obtener representación perfecta. Por el contrario, tanto Unidas Podemos como Vox han estado infrarrepresentados, especialmente estos últimos, que habrían aumentado sus escaños en algo más de un 50% con un sistema de circunscripción única. En una entrevista telefónica, Jorge Urdánoz, experto en la materia, cree que aunque el sistema ha demostrado poder abrirse a más partidos, la situación es temporal. “Es cierto que el sistema electoral, que favorecía exclusivamente a dos partidos, ahora hace sitio para hasta cinco a nivel nacional. Pero no tiene mucho futuro porque dentro de ellos sigue habiendo beneficiados y perjudicados y a la larga el efecto psicológico irá limando a los más pequeños de los 5 y el sistema volverá por donde solía”, asegura.
Vox: el gran perdedor del sistema mayoritario
En verde, provincias donde Vox sacó escaño. El número indica el % de voto en esa circunscripción (entre paréntesis, número de escaños si obtuvo más de uno). Se aprecia cómo el partido obtuvo escaños con porcentajes muy bajos, como Barcelona, y se quedó sin él en otros como Guadalajara con el 16%.. Fuente: elaboración propia
-Sesgo conservador. Como las provincias más sobrerrepresentadas también son las menos pobladas y de un carácter más rural, el voto de estas tiene una importancia mayor de la que debería. Y son precisamente estas provincias, las que por su carácter rural, históricamente han primado más partidos de centro-derecha. Aunque pueda parecer algo altamente interpretable, los tres estudios consultados constatan su existencia, aunque como veremos un poco más adelante, la división del voto en la derecha ha vuelto este efecto en favor del PSOE. Este sesgo ha favorecido sistemáticamente a AP/PP y, en los inicios de la democracia, a UCD. Además del efecto del prorrateo, como añade Pablo Simón en su artículo A vueltas con el maquiavélico sistema electoral, está el psicológico: dado que el resto de partidos saben que van a perder en esos distritos, no destinan recursos en ellos, lo que da más ventaja a los conservadores. De hecho, Lago y Montero concluyen que, históricamente, el PSOE alcanza la proporcionalidad más tarde que el PP, sobre el 20%, pero su sobrerrepresentación no es tan elevada como la de los populares hasta que no alcanza el 55% del voto. Hay que tener en cuenta que este sesgo está determinado por el carácter de los votantes, por lo que si los mismos cambian, el sesgo conservador dejaría de existir, a diferencia del sesgo mayoritario. Este sí es intrínseco al sistema y tiende a favorecer a las fuerzas que superen aproximadamente el 20% del voto.
El siguiente análisis de las provincias del subsistema mayoritario, de elaboración propia, sirve como ejemplo de la influencia de este sesgo tiene. Antes de comenzar, es un análisis aproximativo y poco profundo, que solo analiza quién ganó en la provincia, pero sirve para hacerse una idea de que efectivamente existe esa España conservadora. Las provincias que tienen cinco o menos escaños suman unos 9,3 millones de personas. Dado que en el censo de 2018, España tiene 46,7 millones, esto hace que de forma proporcional y conjunta, a estas circunscripciones les correspondan 70 escaños. En la realidad tienen 103, una sobrerrepresentación del 47%. Si vamos a los datos del histórico de las elecciones, nos daremos cuenta de que en ellas hay un predominio de los partidos conservadores. En este estudio se han considerado conjuntamente PSOE y Podemos como no conservadores y UCD, CDS y AP/PP como conservadores, dejando los nacionalistas catalanes aparte. Solo se ha considerado a la lista ganadora en la provincia, sin contar con la diferencia de votos, por lo que es un estudio aproximativo. En cualquier caso, las conclusiones son claras. El resultado es que en el 68,3% de las veces a lo largo de toda la historia de la democracia, un partido conservador fue la lista más votada en esas provincias. En las victorias electorales de estos, el porcentaje de victorias en esas provincias sube al 87,3%. Cuando pierde algún partido de carácter conservador, sigue manteniendo la fuerza en estas provincias. De hecho, en las seis ocasiones previas en las que venció el PSOE, los partidos de la derecha ganaron en un 47,9% de esas provincias, número idéntico al de las fuerzas de la izquierda en esos años. El resto se lo reparten los nacionalistas. La rotundidad del dominio del PP y del resto de partidos conservadores se observa de una manera mucho clara con la siguiente cifra: las fuerzas de la izquierda solo ganaron en un 7,9% de las provincias de 5 escaños o menos cuando UCD o PP se llevaron las elecciones. Es decir, los partidos conservadores históricamente han dominado en las provincias más despobladas cuando han vencido en las elecciones y han aguantado el tipo a la izquierda cuando se han resignado a quedarse en la oposición.
![]() |
| Número de provincias en las que conservadores y no conservadores fueron la fuerza más votada. Fuente: elaboración propia |
![]() |
| Elaboración propia |
Precisamente, estos sesgos son uno de los principales motivos de los problemas existentes en nuestro sistema electoral. Por ello, no han faltado voces proponiendo cambios en él.





Comentarios
Publicar un comentario