El sistema electoral español, como cualquier otro sistema electoral, se compone de una serie de elementos que lo dotan de sus actuales señas de identidad. En total, son cuatro las principales variables a tener en cuenta, a las que hay que sumar otras cuatro de menor relevancia. Las cuatro principalmente relevantes son las siguientes:
-Tamaño de la asamblea. ¿Cómo de grande va a ser nuestro poder legislativo? Este punto se refiere a qué número de diputados van a formar parte de la cámara cuya composición se pone en liza durante una elección. En España, nuestro Congreso de los Diputados tiene actualmente 350 escaños, pero la Constitución, en su artículo 68, permite que ese número pueda oscilar entre los 300 y los 400. El tamaño de la asamblea influye en la representatividad de una cámara, dado que si es mayor el número de miembros, más fácil es que el Parlamento esté compuesto por una gran variedad de partidos distintos. De igual manera, si la cámara tiene un número bajo de diputados, será más dada a que en su seno tengan cabida un menor número de partidos.
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| Fuente: elaboración propia con datos de IDEA (Institute for Democracy and Electoral Assistance) de 2006. Canadá y Reino Unido cambiaron su número de escaños, variación recogida en esta gráfica. |
-Magnitud de distrito. Se refiere a qué número de diputados se elige por cada circunscripción o distrito. Estos pueden uninominales, si en cada distrito se elige un solo miembro de la cámara, o plurinominales, si el número es de dos o más. Como establecen Lago y Montero en su artículo Todavía no sé quién, pero ganaremos: manipulación política del sistema electoral español, la magnitud de distrito “suele caracterizarse como el factor decisivo” en la proporcionalidad de un sistema. Un sistema electoral donde sus distritos son grandes permitirán la inclusión de un mayor número de partidos en cada circunscripción. En cambio, si estas son muy pequeñas, solo los partidos más votados podrán beneficiarse y el resto verá cómo sus votos se pierden, impidiendo obtener cualquier rédito electoral de ello. En España, el número medio de escaños por circunscripción es de 6,7, pero su sistema es llamativo porque el rango es muy amplio, siendo muy desigual el número de puestos entre provincias, que se usan como circunscripción. Es posible encontrarse circunscripciones de 37 escaños, como es el caso de Madrid, y otras de tan solo uno solo, como es el caso de Ceuta y Melilla.
Circunscripciones españolas por número de escaños en 2019.
Fuente: elaboración propia según el número de escaños por provincia
-Umbral electoral. Es el porcentaje o número mínimo de votos que son necesarios para obtener representación en la cámara legislativa. Existen dos tipos: efectivo y legal. El umbral efectivo es el que crea las propias características del sistema electoral. Es decir, un sistema con una asamblea pequeña y distritos igualmente reducidos obligará a un partido obtener un gran número de votos en cada circunscripción para obtener escaños. Por el contrario, en otro sistema con una asamblea grande de una sola circunscripción nacional, el número de sufragios necesario para obtener diputados será mucho más bajo. Por otro lado, el umbral legal aparece cuando la legislación electoral establece explícitamente un número de votos o un porcentaje mínimo para lograr un escaño. En España, el umbral legal está en un 3% en cada circunscripción, pero solo es aplicable en Madrid y Barcelona, dado que el resto de provincias no tienen el suficiente magnitud para que sea posible que un partido obtenga un escaño con menos de esa cantidad. De hecho, el umbral efectivo español está en un 10,2% de media. En otras palabras, un partido necesitará al menos un 10,2% del de media voto para poder llevarse un escaño.
-Fórmula de reparto. Se refiere a cómo, una vez tenemos los resultados electorales, se van a repartir los escaños entre los distintos partidos. Es aquí donde se enmarca d’Hont, cuya relevancia es la que pueda tener cualquier otra fórmula de reparto en un sistema donde hay más elementos a tener en cuenta. Existen multitud de fórmulas de reparto, pero en este reportaje se van a explicar d’Hont, Sainte-Laguë y Hare, que son las tres que posteriormente se han usado en el ejemplo práctico basado en Francia que más adelante aparece en este texto, aunque existen otros más como la cuota Droop o la cuota Imperiali.
-D’Hont. Es uno de los sistemas más fáciles de aplicar y más utilizados en las democracias occidentales. Fue ideado por el belga Victor d’Hont a finales del siglo XIX y consiste en dividir el número de votos de un partido tantas veces como escaños tenga esa circunscripción. Es decir, si tenemos una circunscripción de cinco escaños, dividiremos los votos de todos los partidos entre uno, dos, tres, cuatro y cinco. De esta forma, se llevarán escaños los cinco cocientes más altos que queden una vez hayamos hecho todas las operaciones. Como vemos en este ejemplo aplicado de d’Hont, una vez hemos dividido los votos de los cuatro partidos concurrentes a estas elecciones entre uno, dos, tres, cuatro y cinco, hemos cogido los cinco valores más altos que han quedado, por lo que el partido A y B tienen dos escaños y el C, uno. El partido D se ha quedado sin escaños en esta simulación.
-Sainte-Laguë. El sistema Sainte-Laguë es muy similar a d’Hont, funcionando igualmente con cocientes, pero hay una diferencia clave, que reside en que en lugar de dividir entre el número de escaños, los votos se dividen entre el número de escaños por dos más uno. Por tanto, para el segundo cociente, que implicaría tener ya un escaño, se divide entre tres, el tercer cociente entre cinco y así sucesivamente. El efecto que se consigue es que los cocientes decrezcan más rápido, por lo que los partidos más pequeños tienen más posibilidades de obtener escaños. Usando los mismos datos que en el ejemplo d’Hont se comprueba que los resultados ya difieren incluso en una circunscripción pequeña de cinco escaños. En este caso, hay una diferencia clara con respecto al ejemplo anterior: el partido D ha conseguido un escaño que no hubiese sacado con el sistema d’Hont gracias a la mayor rapidez en la caída de cocientes. Es precisamente por ese factor por el que d’Hont es más favorable a partidos grandes.
-Cuota Hare. A diferencia de los dos ejemplos anteriores, considerados ambos sistemas basados en método de cifra repartidora, Hare es un sistema de resto mayor. Esto quiere decir que primero se calcula un cociente, que en caso de Hare se obtiene al dividir el número de votos totales emitidos en la elección entre el número de escaños a repartir. El número de votos de cada partido se divide entre el cociente. De primeras, cada partido obtiene el número entero que salga de la división, pero van a quedar por repartirse algunos escaños, que se harán a través del método del resto mayor. Se descuentan los votos que ya han servido para un escaño y se dejan solo los votos sobrantes. Los escaños restantes se otorgan a aquellas candidaturas cuyos restos hayan estado más cerca de cumplir la cuota. De nuevo, usamos el ejemplo anterior para que quede más claro. Realmente, una forma más rápida de operar sin necesidad de calcular los restos de votos es simplemente redondear al alza los cocientes más cercanos al siguiente número entero hasta completar el número de escaños a repartir en toda la circunscripción. Existen otros sistemas de resto mayor, como la cuota Imperiali o la cuota Droop, que funcionan de una forma similar a Hare pero se diferencian en la fórmula utilizada para calcular la cuota necesaria para obtener cada escaño.
Además de estos cuatro factores que determinan de forma muy intensa el funcionamiento del sistema electoral, existen otros cuatro factores menores, pero que también deben ser tenidos en cuenta:
-Posibilidad de unión de listas. Se refiere a si varios partidos pueden ir en coalición en unas elecciones o deben presentarse por separado. Es posible que se permita la coalición pero con unas reglas más restrictivas, como en República Checa, donde a más partidos entren en la coalición, mayor es el umbral legal de voto que deben superar.
-Estructura del voto. La estructura del voto puede ser abierta, aquella en las que los ciudadanos pueden elegir entre candidatos, o cerrada, en las que se elige una lista concreta de un partido ya predeterminada. Estas últimas pueden adoptar dos formas: no bloqueada, si el votante puede influir en el orden de los candidatos, o bloqueada, si el votante tiene que aceptar la papeleta tal y como viene predeterminada. En España, el sistema es de lista cerrada y bloqueada para elegir el Congreso de los Diputados.
-Desigualdad. Es el cumplimiento del principio “una persona, un voto”. Es posible que haya sistemas donde una minoría o un grupo privilegiado tengan un voto que valga más, o simplemente que el sistema, por una desproporcionalidad a la hora de repartir los escaños según la población, provoque que el voto de un territorio valga distinto al de otro. Es lo que ocurre en España, donde las provincias pequeñas están sobrerrepresentadas y las más pobladas tienen menos peso electoral del que deberían.
-Ciclo electoral. Se refiere a la forma en que se combinan las distintas elecciones en el tiempo. Cobra especialmente relevancia en sistemas presidencialistas, ya que en ellos se elige al poder ejecutivo y el legislativo por separado. Es lo que ocurre en Estados Unidos, donde la presidencia se pone en liza cada cuatro años y el Congreso, cada dos, coincidiendo en fecha una de ellas con la elección presidencial.
Una vez conocidos estos detalles, es conveniente pasar a las distintas familias de sistemas electorales.
De forma genérica, se dividen en tres tipos: de pluralidad o mayoría, proporcionales y mixtos.
De forma genérica, se dividen en tres tipos: de pluralidad o mayoría, proporcionales y mixtos.
-Los sistemas mayoritarios son aquellos en los que el vencedor es aquel candidato que haya conseguido la mayoría de los votos, sin repartirlos entre las distintas candidaturas en función de los votos que haya obtenido cada uno. Aunque en democracias occidentales son más frecuentes en distritos uninominales, es decir, aquellos en los que solo sale electo un candidato, también son compatibles con distritos plurinominales, en los que más de un postulante se lleva escaño. Las ventajas de este sistema es que propicia gobiernos fuertes y una relación directa y cercana entre candidatos y electores, dado que el ámbito de elección suele ser local. En estos sistemas, las fórmulas electorales como d’Hont son irrelevantes, puesto que no se aplican. Es la familia electoral con mayor número de variantes:
1. Escrutinio mayoritario uninominal. Es un sistema muy simple de votación. Cada votante tiene un único voto y sale elegido solamente aquel candidato que haya obtenido el mayor número de votos, con independencia de la ventaja con la que haya vencido. Es típico de países del mundo anglosajón, y se usa para elegir el poder legislativo en Reino Unido, Canadá y Estados Unidos.
2. Escrutinio mayoritario uninominal a doble vuelta. Es similar al anterior en el sentido de que se elige únicamente un candidato para cada distrito, pero en este caso el candidato debe obtener un determinado número de votos - puede ser mayoría absoluta u otra cantidad que disponga la ley - para vencer directamente y hacerse con el puesto. En caso de que ello no ocurra, se realizará una segunda votación, a la que pasarán los dos candidatos más votados para desempatar o, en algunos casos, aquellos que hayan conseguido un determinado número de votos en la primera vuelta. Es muy característico de Francia, donde tanto la Asamblea Nacional como el Presidente son elegidos de esta manera.
3. Voto alternativo. Es un sistema de mayoría uninominal que permite obtener una segunda vuelta de manera instantánea en caso de que no haya vencedor por mayoría absoluta o el mínimo acordado por ley en el primer recuento. A diferencia de los anteriores, los votantes no eligen a un candidato, sino que ordenan sus candidatos por preferencias. Si tras el recuento nadie es declarado ganador, los votos del candidato que haya quedado último se eliminan y se suman sus segundas preferencias, que se suman a los votos ya contados del resto. El proceso de eliminación del candidato menos votado y la asignación de segundas o terceras preferencias de sus votos al resto de contrincantes continúa hasta que alguien consigue el mínimo de votos necesario para reclamar la victoria.
4. Voto en bloque. En este caso el distrito es plurinominal, por lo que son varios los candidatos electos. El votante puede elegir tantos candidatos como personas vayan a ser elegidas. Es decir, si la circunscripción cuenta con cuatro escaños, el elector puede otorgar el voto a cuatro candidatos distintos. Normalmente, no es obligatorio el tener que dar todos los votos y, en algunos casos, es posible incluso acumular varios votos al mismo candidato. Son elegidos tantos postulantes como escaños tenga la circunscripción. En otras palabras, en ese distrito de cuatro escaños antes mencionado, serán los cuatro candidatos más votados los que obtengan el escaño.
5. Voto limitado. Es parecido al voto en bloque, solo que el elector dispone de menos votos que el número de escaños que se eligen. Es el sistema que se utiliza para determinar la parte popularmente electa del Senado en España, donde cada votante dispone de 3 votos pero, sin embargo, la provincia dispone de 4 escaños. De esta manera, se posibilita una mayor pluralidad en la cámara, ya que, a diferencia del voto en bloque, es muy difícil que el mismo partido consiga obtener todos los diputados. El motivo es que presentar más diputados que votos disponibles podría hacer que los votos se dispersaran entre los distintos candidatos y finalmente, aunque la suma total de los candidatos del partido fuese elevada, ninguno de los postulantes lograse estar entre los ganadores al estar los votos repartidos entre ellos.
6. Voto único no transferible. Este sistema es también parecido al voto limitado, con una diferencia: el elector solamente tiene un voto para un distrito plurinominal. Igualmente, salen elegidos tantos candidatos como escaños haya en juego. El problema es que supone un reto para los partidos porque deben evitar la dispersión de los votos, por lo que calcular el número ideal de candidatos es complicado.
7. Voto en bloque por partido. Este sistema, también de carácter plurinominal, se caracteriza porque el elector dispone de únicamente un solo voto, que otorga a una lista o un partido, no a un candidato concreto. El partido o lista que obtenga más votos se lleva todos los escaños, independientemente de la ventaja. Por lo tanto, si un partido gana con 1,5 millones de votos en un distrito de 40 escaños, se los llevará todos, aunque el segundo haya obtenido 1,4 millones. Es similar al sistema que se usa en Estados Unidos en la elección presidencial: el candidato ganador de cada Estado se lleva todos los miembros del Colegio Electoral que posteriormente elige al presidente.
-Los sistemas proporcionales son aquellos en los que, a diferencia de los mayoritarios, los escaños son repartidos en función del número de votos que haya obtenido cada candidatura, con el objetivo de que las distintas fuerzas participantes consigan una representación similar a los resultados. La ventaja principal de este sistema es que permite gran pluralismo, dando oportunidades a un gran número de partidos de tener escaños. Existen dos tipos principales:
1.Representación proporcional por listas. Es el sistema más típicamente usado para la representación proporcional, en la que se vota a un partido que presenta una lista determinada, ya sea abierta o cerrada. Una vez que se hace el recuento de votos que ha obtenido cada partido, se reparte los escaños utilizando alguna de las fórmulas electorales que se mostraron en el punto anterior.
2. Voto único transferible. Al igual que en el voto alternativo, los votantes, que disponen de un voto, ordenan los candidatos según sus preferencias. Es un sistema de un alto grado de complejidad, tanto que los votos no se recuentan directamente en los centros de votación, como ocurre por ejemplo en España, ya que son necesarios varios conteos. Primero se establece una cuota (por Droop, Hare…) para acceder al escaño, siendo elegido todo el que la supere. Los votos excedentes de estos candidatos son redistribuidos entre los demás candidatos. Si ninguno lograse llegar a la cuota, se elimina al último clasificado y se redistribuyen sus votos. Estas dos operaciones se repetirán hasta llenar todos los escaños. Es muy poco frecuente y en Europa solo Irlanda y Malta lo aplican.
-Los sistemas mixtos están en un punto intermedio entre las dos familias anteriormente explicadas y combinan elementos de ambas. Existen dos variantes principales:
-1. Representación proporcional personalizada (RPP). El caso paradigmático de este sistema es el alemán, tanto que a veces se le denomina incluso sistema alemán antes que por su nombre genérico. En este caso, se elige parcialmente una parte del parlamento con una elección mayoritaria uninominal y, la otra, a través de un sistema proporcional. Lo relevante de este modelo es que la parte proporcional del mismo compensa las desproporciones de la parte mayoritaria. En Alemania incluso está prevista la creación de escaños extras a los inicialmente estipulados si es necesario para compensar los desajustes. La ventaja es que combina la cercanía del político al elector propia de los sistemas mayoritarios evitando la desproporción con respecto al voto que estos generan.
-2. Sistemas paralelos. Se utiliza un sistema paralelo cuando en una misma elección se usan simultáneamente, pero de forma independiente, sistemas de representación mayoritaria y proporcional. Por ejemplo, que en una misma elección se seleccione la mitad de diputados de forma uninominal y la otra mitad a través de una elección proporcional a circunscripción nacional única. Lo importante de estos sistemas es que funcionan de manera totalmente independientes, por lo que la desproporcionalidad de voto de uno de los dos sistemas no es corregida por el otro como en el caso anterior.
Países de la Unión Europea (UE-28) según su sistema electoral
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| Elaboración propia a partir de datos de IDEA (institute of Democracy and Electoral Asistance) para 2006. Italia cambió de sistema electoral posteriormente, modificación reflejada en el mapa. |
Antes de cerrar este capítulo, conviene citar a un autor importante en materia electoral, Duverger. Este politólogo francés estableció que hay dos factores principales que influyen en los resultados de una elección, los mecánicos y los psicológicos. Los primeros son los directamente derivados de las distintas configuraciones que puede adoptar un sistema electoral. Una elección proporcional con circunscripción única a nivel nacional difícilmente va a quedar igual que una elección con escrutinio uninominal mayoritario. Igualmente, dos elecciones con exactamente las mismas características, pero con un umbral legal diferente terminarán dando un resultado distinto si algún partido se queda por debajo de ese umbral. A esto se refería con los efectos mecánicos.
Pero es importante saber que a raíz de estos, se derivan unos efectos psicológicos. El mismo elector no se comportará igual si ejerce su voto en un sistema que en otro. El siguiente ejemplo, aplicado a España, lo ilustra perfectamente. En una circunscripción como Soria solo se eligen dos diputados. Desde la instauración del bipartidismo, todos los diputados allí se los han repartido PP y PSOE. Un votante de Vox, Ciudadanos o Podemos, ante la posibilidad de que su voto no se convierta en escaño (al haber solo dos escaños en liza es necesario ser primera o segunda fuerza) y se termine perdiendo, podría decidir votar a PP o PSOE como forma de ejercer el popularmente conocido como voto útil. Si, como él, otros miles hacen lo mismo, eso debilitará a las terceras fuerzas en favor de las grandes. Es algo muy típico de elecciones mayoritarias uninominales, donde, al haber un solo ganador, el voto se concentra en los grandes partidos. Por el contrario, un votante madrileño de los tres partidos no bipartidistas antes mencionados, al haber 37 escaños en juego en Madrid, sabe que su voto va a contribuir a que su partido favorito obtenga un escaño, por lo que votará lo que realmente le convence más. De este modo, el factor psicológico ha cambiado el voto de una parte de los votantes españoles, especialmente de las circunscripciones pequeñas.
Igualmente, los partidos no se comportarán igual según existan en un sistema electoral u otro. Siguiendo el ejemplo anterior, Vox, Podemos y Ciudadanos podrían decidir no gastar recursos compitiendo en Soria a sabiendas de que el rédito electoral será nulo con total seguridad, retroalimentando el poder de los dos grandes partidos en esas zonas. De ese modo, podrían decidir invertir todo en Madrid conscientes de que allí sí verán recompensado el esfuerzo. De hecho, durante la precampaña de estas elecciones, el PP precisamente pidió a Vox no presentarse a este tipo de circunscripciones para no dividir el voto y concentrarlo en un partido que ya de por sí iba a acumular la mayoría de forma muy probable.










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